Primero, gracias a los que leyeron mi primera entrada porque no es famosa en absoluto y pocas veces tengo el orgullo de sentirme privilegiada por el hecho de que algo que acabo de comenzar ya es, relativamente, conocido. Lo primero, gracias. Lo segundo, no me preguntéis cuándo escribí esto, porque puede ser que lo haya escrito el mismo día que se ha publicado (vamos, hoy), puede ser que haya tardado una semana en subirlo, etc. Así que simplemente, abstenerse, si tienes interés en saber por lo que digo –que es mi principal objetivo, sino, sería de tontos escribir un título como los que normalmente hago el intento de poner, así como el hecho de que sea algo que llame la atención, algo sencillo pero que capte tu atención, ya sea por aburrimiento, o lo que sea. Al fin y al cabo, un título, es un título- simplemente continúa y ya está, pero si ya te has cansado, sé feliz en tu ignorancia, porque yo seguiré con lo mío y opinando tal cual debo. Al fin y al cabo, hasta ahora, yo sí he podido considerarme persona.
El razonamiento de hoy en día de muchas personas deja mucho que desear, así como la contradicción que por inercia éstas hacen, como acabáis de comprobar que acabo de decir, ya que alguien que no razona de la manera más lógica, que no se basa en cosas altamente objetivas, no creo realmente que se pueda llamar persona. Ante esto, yo, al igual que los que somos diferentes, también nos podemos equivocar. Pero a diferencia de otros, tengo motivos para plantear lo que os estoy comentando. Veréis, no tenía planteado hablar de mi vida personal, hasta ahora, pero hay unos límites, sé lo que es la empatía, y a veces intento demostrar algo que realmente me ocurre justamente al revés –lo que se conoce hoy en día como psicología inversa-: que los sentimientos me pueden. Ergo, sé controlar, entre otras cosas, los sentimientos. A día de hoy, cito este hecho como algo personalmente cierto. Dicho de otra manera, diré de todo hasta cierto límite. (Al fin y al cabo, uno de mis mejores amigos tiene un programa de radio y hace dos o tres semanas hizo algo muy parecido, de hecho tenía que ver conmigo y con la persona en la que estoy pensando mientras escribo esto.)
Veréis, hace cosa de casi cuatro meses, terminé una relación que empezó en Diciembre, prácticamente no duró más de un mes (aunque no es el tema). Bueno, cuando digo ‘terminé’, fue que terminaron conmigo. No es moco de pavo que lo diga así tal cual, pero fue algo más que eso, en un abrir y cerrar de ojos esa persona había decidido largarse completamente de mi vida, en cierto modo no me importaba, me importó durante una o dos semanas, pero ¿alguna vez le damos a las cosas la importancia que en sí tienen? Pretendo creer con esto que esa reacción no fue para nada normal, de hecho, yo nunca he querido actuar así, nunca me he puesto a la defensiva, pero cuando la que tiene mala reputación eres tú, ahí jode un imperio y tres mansiones de más. Es curioso cómo razonamos los que aparentemente somos personas, del mismo modo a veces incluso me sorprende cómo nos tomamos las cosas, y yo soy un ejemplo de ello. ¿Que podría haberme olvidado ya de todo esto y no escribir y/o pensar lo que estáis leyendo? –Al fin y al cabo, no soy más que una blogger detrás de una pantalla, por lo que podéis pensar de todo menos lo que realmente está pasando-. Que tengo sentimientos, también. Y que soy un ejemplo de lo que estoy insinuando, que somos unos cabezotas de por sí y las cosas en nosotros tienen más poder de lo que creemos, por mis ovarios que sí. Os muestro una imagen de algo que sucedió semanas después:
Increíble, ¿verdad? Oh, cierto. Está puesto entre comillas. Por otra persona. En Facebook, cuando ocurrió en Twitter. Bueno, todo tiene una explicación. ¿Podría estar mintiendo? Perfectamente. ¿Tengo motivos? Lo siento, eso ya es cosa mía. ¿Qué queréis, que os diga directamente “no estoy mintiendo”? ¿Acaso me creeríais? Sois unos hipócritas. Pero no os lo toméis como un ataque. Hoy en día todo es un ataque para nosotros, en vez de ser un hecho, una descripción, no, por cojones tiene que ser una palabra en contra, en ataque, o en contraataque (y a veces una combinación de esos tres factores) de esa persona, claro. A lo que iba, esa cita es algo que ciertamente dijo el que no debe de ser nombrado, como pone ahí mismo. Fui yo misma a comprobarlo y estaba escrito. No pretendo inculcaros credibilidad, nada más lejos, pero ya que no tengo a nadie a quien contarle mi vida, siempre está la pared, un trozo de folio… o en este caso, mi blog.
En cualquier caso, fueron semanas y semanas de insultos y derivados, algo principalmente comprensible, yo era la primera que devolvía las indirectas junto a uno de mis mejores amigos anteriormente nombrado, por motivos que no voy a tocar ahora. Por otra parte, si tenéis dudas de algo, os la explico encantada como comentario en esta entrada, o por donde sea.
Más tarde, por el motivo que sea, esa misma persona me habló por Whatsapp, que hoy en día se utiliza para pedir el teléfono, y pidiendo este último, te estás excusando, porque lo que quieres realmente es el WA. Ya, yo tampoco me lo creía, pero vino muy convencido, y le dejé hablar. No quiso odiarme. Estaba arrepentido. Podíamos ser amigos. Sí. Amigos. Un concepto un tanto extraño hoy en día, y a la vez, algo que mucha gente malinterpreta, pero eso es algo que no quiero explicar tan detalladamente. Decimos que entendemos el concepto de amistad, ¿cuántos lo entendemos realmente? ¿O tampoco conocen el significado de “entender”? Las cosas son más serias de lo planteado, quizá yo no sé de lo que hablo, quizá vosotros sois demasiado hipócritas, incluso para mí. Por desgracia, no dispongo de los mensajes que se me envía por Whatsapp, y menos de los de hace dos o tres meses –no lo recuerdo bien bien-, ni de un tweet totalmente ofensivo que hizo que se volviera a alejar de mí, otras semanas más. Pero bueno.
Cuesta creer que la gente cambie de opinión de la noche a la mañana, por consecuente siempre tengo la misma duda: ¿las personas acaban demostrando con el tiempo cómo son? ¿O con el tiempo cambian? Claro que, si fuera lo segundo, más de una persona sería muy puta, si es que se le puede llamar persona. Yo no me arriesgaría.
Quizá me lucí con este tweet. Aunque no creo que me expresara lo que se dice mal, ni ofendiera a nadie, ¿no? El comentario de arriba viene sencillamente a que en un momento determinado, este chico, decidió volver a hablarme. No quería darme cuenta de que las piezas estaban encajando, hasta ahora, y es que, en el momento en el que sabe que me está perdiendo, en ese exclusivo momento, es cuando me echa de menos y me busca. Que no es el único, ni le estoy criticando, al menos a él, critico esta actitud. Será por tíos en el mundo que hay así.
Cómo no, borró el tweet, pero el gmail me salva en muchas ocasiones. Je, me “salva”. Más que nada, cuando creo necesitar pruebas, es importante tenerlas. Claro que, por esto último más de uno me matará. Es como “¿Para qué necesitas pruebas? Intentas llamar la atención”. Las pruebas no se las muestro a nadie. Están ahí. Que lo entienda quien quiera. Claro que, la atención es lo último que querría provocar. En fin. No necesito plantearme nada de su respuesta, y menos con esos argumentos, ya que con mi respuesta de antes, no quise decir, en absoluto, que no se puede opinar, al contrario, si no se pudiera opinar, ya te reportaba por spam. Al fin y al cabo, si uno no quiere problemas, lo mejor es pasar, ¿no? Claro que, si querías problemas, haberlo dicho, hombre. Voy a pegar un gran salto sobre este tema, principalmente estoy dando muchos detalles y casi llego a donde quería llegar, desde el principio.
El caso, es que nunca he llegado a comprender cosas como ésta, entre otras cosas, me quejé del 95% de la actitud de los tíos y por inercia acabo metiendo al 5% restante en el saco. Cosa que hacemos todos. Sería un error echármelo en cara.
No me gusta mentir. La imagen que acabo de poner es un verdadero ejemplo. Hace unos días, yo era una de las mejores chavalas para él, él se sentía importante sabiendo que en mí resucitaron sentimientos respecto a esta persona; no hace falta malpensar, puede ser cualquier sentimiento, puede ser cualquier cosa. Pero recíproco, no lo era. Básicamente, yo no quería ofender a nadie, la mayoría de mis opiniones intentan ser, ante todo, humildes y me intento expresar con educación. El intento está. Puedo quedar como una hija de puta luego, pero eso no puedo valorarlo yo, realmente. Él, se sentía importante, pero yo tomé una decisión por mi bien sobre todo: olvidarme. De él, del tema, de todo cuanto ocurrió, todo. Igual para él esto también era bien, él se quitaría un peso de encima, pero sobre todo, era por mi bien. ¿Qué ocurre? Lo que sospecháis, lo que llevo insinuando hace varios minutos, y lo que dicen las imágenes. Porque hay imágenes que nos demuestran algo que nosotros somos incapaces de percibir: hay gente que vale más por lo que calla que por lo que dice.
Es algo que intento tolerar, pero algo que también, no comprendo. ¿En qué momento de nuestra vida decidimos pasar de nuestros problemas, y más cuando el problema es REALMENTE un problema? ¿Acaso somos masocas? ¿Lo somos por naturaleza? ¿Pensáis que me lo tomo a cachondeo? Realmente me estoy planteando estas cosas, porque, sencillamente, no las comprendo.
(Podéis ignorar el comentario de mi amiga Paula, aunque no le quito razón en absoluto. Ni a ella ni a nadie.)
Algo que también me planteo de las personas, del ser humano: ¿hablamos realmente de lo que sabemos? ¿Comprendemos lo que decimos? ¿Las matamos callando? Quizá es mejor pasar de estas cosas, al fin y al cabo, le estoy dando más importancia de la que tiene, otra reacción por naturaleza del ser humano. También podría parar de hacer más grande la bola, pero yo personalmente necesito comprender estas cosas, porque yo tengo ese modo de ver las cosas, cada uno, concretamente, tiene la suya; yo, me indigno y me pongo a darle vueltas a las cosas, pero tengo un límite en lo que respecta al masoquismo. Veréis, en el momento en el que darle vueltas a las cosas me afecta emocionalmente, ya paro, porque obviamente no merece la pena.
Qué menos que explicarme qué es lo que no entiendo, o lo que no sé. Claro que, siempre es mejor callar, excepto conmigo. Soy un tanto difícil de comprender, soy una persona demasiado rara, lo reconozco, pero no sé, eso ya es otra historia y no creo que vayamos ahí. Sí, igual me decís que me enrollo mucho, que hablo más de lo que hay, y un largo etcétera, pero, ¿no tengo derecho a hablar? Es algo que también me planteo. No necesito más ejemplos, tú eres el pasotismo en persona.
Tampoco había por qué ponerse así en Twitter, eh?, decía. Nada más lejos, chico, sobre todo para una persona como tú. Alguien incapaz de saber lo que es la empatía. Pocos lo hacen, así somos las personas, estamos divididos en sectores, por desgracia, muy pequeños. Es una pena.
El pasotismo tiene un límite, porque sino la jodes para el resto de tu vida, pero es algo que tú aún no eres capaz de ver. Y ya toca.
Lo soy. Y eso sí lo entiendes. Y todo lo que has dicho hasta ahora, es hipócrita, como tú. Ya me dirás, qué es peor. Te quejas de clasificaciones, ¿en qué te basas para decir que soy una criaja? Lo mejor es cuando me echas en cara que me indigno de esta manera cuando según tú soy la única que puede. Qué ironía. No, no es ironía. Se llama hipocresía. Y eso es lo que nos define a las personas.








